Los Cinco Elementos de la Mente del Corazón, un relato de Ken Liu

Traducción: Javier Norberto Muñoz Palacios

Tyra

Día 52:

Aquí Oficial Menor en Ciencia Tyra Hayes, aún con vida, continúo grabando.

Quizás nadie vea estas entradas. Pero no hay mucho que hacer aquí, sin nadie más adentro de esta cápsula de escape.

–Yo estoy aquí.

Gracias, Artie. No quise hacerte menos. Has sido de gran ayuda, la mejor Inteligencia Artificial que cualquiera pudiera pedir. Sólo quisiera que otra persona… también hubiera sobrevivido.

–Tú has estado desplazándote constantemente durante las últimas veinticuatro horas: moviéndote en tu sitio y girándote. Yo recomiendo que conserves tu energía. Estás ya sobre un tercio de las porciones.

Es necesario que me mueva, tengo amarrada tu carcasa al collar para que la electricidad sea la suficiente y se mantenga tu carga y la de la grabadora, ¿recuerdas?

–Tus movimientos han sobrepasado mis requerimientos de energía y no coinciden con tu patrón establecido. ¿Qué se ha modificado?

–¿Tyra?

Es el reciclador de agua.

–¿Ha disminuido aún más?

Ayer se detuvo completamente.

–Entonces, ¿has estado simulando que bebes durante todo el día? No lo entiendo.

Me dijiste hace tres días que no sabías cómo arreglarlo. No quise hacerte sentir mal.

–Ya veo. Entonces recomiendo que SEED Explorations Ltd. lo evalúe para que se corrija esta laguna en la programación de la Inteligencia Artificial y se incluya la actualización en una futura edición.

Siempre andas de optimista. Nunca dejas de planear para el futuro. Pero los escaneos de hiperradio no dan señales de ninguna nave de rescate.

–Podía preverse. La Dandelion perdió su integridad estructural tan rápidamente que dudo que la comunicación haya tenido siquiera tiempo para enlazar una llamada de socorro y la radio de esta cápsula de escape es apenas sublumínica. Mucho más probable es que nadie sepa que doscientos sesenta y cinco hombres y mujeres en la nave de exploración estén ya muertos.

Pronto serán doscientos sesenta y seis.

Día 53:

Artie, si me quedo esperando aquí, moriré muy pronto de sed. Si uso toda la energía que queda en la cápsula para dar un último salto, podría terminar en un sistema sin planetas habitables. ¿Tienes algún consejo?

–No cuento en mi base de datos de escenarios de sobrevivencia con una estipulación clara de los parámetros de tu situación actual.

Aquí es cuando mi papá me diría: “Confía en tus adentros.”

–Tu mente reside en el cerebro, no en el tracto gastrointestinal.

Cada vez que me acercaba a él queriendo un consejo, siempre me decía que analizo demasiado las cosas y que no confiaba lo suficiente en mi instinto. ¿Debería ingresar a una de las antiguas universidades en la Tierra por cuestión del prestigio o aceptar la beca completa que me ofrece una escuela de segunda en la Frontera? “Confía en tus adentros.” ¿Debería cambiar mi especialidad a la de AeroAstro porque los trabajos en el espacio son mejor pagados o permanecer con Terraforming porque prefiero vivir con gravedad? “Confía en tus adentros.”

–No suena tan útil.

Así es, sólo que hablar con él me hacía ver las cosas de manera diferente y entonces la respuesta correcta se tornaba bastante obvia. Él bromeaba diciendo que conmigo él nunca se iba a preocupar acerca de los chicos porque yo siempre quiero saber primero más acerca de cómo me siento y…

–¿Tyra?

Ay, lo extraño, Artie. Lo extraño muchísimo justo ahora.

–No encuentro en mi base de datos palabras apropiadas que decirte para cuando estás llorando, Tyra. Lo siento.

Día 54:

No puedo permitir que la desolación me domine. Tengo que ser racional.

Hecho: Me encuentro a más de sesenta años luz del planeta habitable más cercano.

Hecho: No voy a aguantar otra semana sin agua.

Hecho: No hay razón para pensar que los rescatistas aparecerán pronto.

Hecho: La cápsula de escape contiene todavía energía suficiente para realizar uno y sólo un salto que sobrepase los cinco años luz.

Hecho: Hay solamente un sistema dentro de este rango que podría contener un planeta habitable: Tycho 409A. Y ese es un planeta inexplorado.

Conclusión: la única opción sensata es correr el riesgo y dar el salto hacia allá.

Papá, si alguna vez recibes esto, te amo.

Fazen

El cielo sorpresivamente se abre y un destello brillante se derrama afuera de las nubes, dirigiéndose directamente hacia mí. El aire que me rodea cruje y se calienta como en una fragua. Incluso a través de los párpados cerrados, puedo ver el ardiente rayo de fuego que pasa sobre mi cabeza. Luego hay un tremendo rugido de agua cuando la ola gigantesca me derriba de mi canoa y caigo en el lago.

Una esfera de acero pulido tan brillante como el sol y tan larga como la casa del Headman de la nada aparece sobre el agua y vuelve a caer en ella con estruendo.

Yo había permanecido flotando, por encima del agua serena, creyendo que un poco de té de ciruela salada podría calmar el fuego salvaje en mi estómago y refinar el hierro que estaba todavía en bruto adentro mis pulmones y restablecer mi cuerpo de vuelta al wuwei, pero parece que los dioses tienen otros planes. Me lanzo de vuelta a mi canoa para remar hacia la esfera. ¿Qué tienen en mente los dioses? Ya tengo un exceso de hierro y fuego, ¿por qué me están mandado más todavía?

De cerca, veo que la esfera temblorosa está llena de hendiduras y salientes, manijas y contornos de puertas y ventanas circulares. El calor de la esfera evapora de tal modo el agua que la rodea, que parece elevarse una nube abarcando todo el lago. Cuando por fin reacciono, estoy amarrando una punta de una cuerda a una de las manijas para poder llevar aquella esfera hacia la tierra.

Al acercarme a la costa, el Headman Outay está allí para recibirme junto con una gran multitud. Todo el mundo debió de haber visto la bola de fuego caer del cielo.

El Headman Outay entrecierra los ojos. “Fazen, esa es una canoa celestial, como la gran arca celestial de nuestros antepasados.”

Desde mi niñez, he oído las leyendas de los Antepasados Primigenios llegando en un arca celestial que se deslizó a través de las estrellas como nuestras canoas de madera sobre el agua. ¿Podrían ser verdad aquellas historias con que nos arrullaban nuestros padres?

La canoa celestial ahora descansa sobre el lodo suave a la orilla del río. De repente, una parte de la esfera, una puerta circular, empieza a brillar con una luz fría y blanca. A varios de los presentes se les corta la respiración.

“Aléjense”, grita el Headman Outay. “¡No sabemos qué hay adentro!”

Pero yo no le hago caso. Pongo mis manos adentro de las hendiduras de esa puerta circular y giro con todas mis fuerzas. La piel de mis palmas y dedos se calcina contra la superficie de hierro aún caliente. Me rechinan los dientes por el dolor mientras sigo girando la puerta.

Mi vientre bajo, el dantian, la morada de la Mente del Corazón, se conserva en calma. Esta descontrolada valentía podría ser el resultado de que mi cuerpo aún está fuera de balance, pero funciona, se siente bien.

La puerta se abre y cae al agua.

Adentro, yo veo la figura inconsciente de una mujer joven de unos veinte años, de mi edad. Tiene el cabello rojo y brillante y la piel pálida repleta de pecas. Sus labios están resecos y partidos.

Todo mundo observa cómo la llevo a mi choza. Nadie habla.

Durante dos días le doy agua mientras está recostada. Ella sorbe como un pez, pero no abre los ojos.

Toco con mi frente la suya. Se siente tan ardiente como la puerta de la canoa celestial cuando la estaba abriendo. Sujeto su muñeca. Con todo y las cicatrices de mis quemaduras en los dedos, puedo sentir su pulso saltando y resistiendo desenfrenadamente, como una liebre atrapada.

Cuando sueña, lo hace con fiebre y se revuelve y grita dormida. No puedo distinguir ninguna de sus palabras con excepción de una: una sílaba pequeña que repite una y otra vez. He visto más de una vez que hombres y mujeres adultas comienzan a rogar por sus padres en el delirio de la enfermedad. ¿Estará rogando ella así también por piedad?

Puede que ella sea una celestial, pero no es tan extraña después de todo.

Sea como sea, su enfermedad está más allá de mis capacidades.

Corro hacia el Headman Outay para traerlo con ella. Él es nuestro mejor sanador.

Se sienta junto a ella, pero no la toca.

“Tal vez es la voluntad de los dioses que ella no despierte.”

Escucho miedo en su voz.

“¿Alguna vez habías visto hierro alguno como el de su canoa celestial?”, me pregunta.

Recuerdo el peso de la puerta de hierro en mis manos. Se había sentido ligera, mucho más ligera de lo que esperaba. Y debe de ser increíblemente sólida como para haber soportado la caída desde el cielo. Estoy seguro que ni el mejor herrero del mundo podría trabajar con un hierro como ese.

“Hemos olvidado mucha de la sabiduría de nuestros antepasados, Fazen. Ella puede que nos vea sólo como un poco más que salvajes. Ella podría traernos grave peligro y sufrimiento.”

Observo la manera en que ella duerme. Sólo sé que ella está enferma e indefensa. Sólo sé lo que es correcto.

“Nosotros debemos salvarla”, yo digo.

Él suspira y con tres dedos le mide el pulso en la muñeca. Entrecierra los ojos, concentrado en notar hasta el más mínimo cambio en su fuerza vital.

“Demasiado fuego… hierro débil… exceso de madera… pero, espera, ¿cómo…?”

Aguanto la respiración.

“¡Su dantian está vacío…!”

La cara del Headman Outay se tensa. Gotas de sudor aparecen en su frente. Su cuerpo cansado tiembla. Hace un nuevo esfuerzo para encontrar aquello que sea la falla en los elementos que ella carga en el cuerpo.

Por fin le suelta la muñeca y se limpia el sudor de la cara. Apenas puede mantenerse en pie.

“En sus adentros había un vacío, pero los elementos están surgiendo. Ahora están luchando entre sí para ver cuál se impone. Debemos canalizarlos a todos para traer equilibrio y avivar la luz que apenas surge de su Mente del Corazón.”

Él me dicta una receta compleja de cura.

Tyra

Día 56:

Desperté cubierta de sábanas tiesas y con una fiebre terrible. Con el estómago adolorido como si me lo hubieran golpeado. Vomité. Ya perdí la cuenta de cuántas veces.

Entonces noté que algo faltaba en mi cuello. Ni el collar ni el peso de siempre estaban allí. Artie se había ido.

Me alarmé, rebusqué desesperadamente entre las cobijas, rompí en llanto.

Un hombre vestido con una bata que le llegaba hasta el piso entró corriendo al cuarto. Trató de consolarme, pero sus palabras no tenía ni pies ni cabeza. No podía entender ni una sola palabra. Entonces se dio cuenta que mis manos buscaban algo en mi cuello desnudo. Él salió, volvió a entrar y me dio a Artie.

Me puse tan feliz que besé la carcasa de Artie.

–No me había dado cuenta de que habías ido encariñándote conmigo. Creo que me siento… conmovido. Por lo tanto me reservaré el comentario acerca de tus habilidades de pilotaje con la cápsula de escape.

Tú eres mi único amigo en el mundo ahora, Artie.

–Tal vez ese hombre, a quien he escuchado que le llaman Fazen, pueda ser de fiar. Sigo trabajando en decodificar su lengua, pero creo que me alejó de ti sólo para permitirte descansar mejor.

Él también me hizo beber un tazón de sopa amarga. Sabía horrible. Yo me negué a beberla, pero él insistió en que debía hacerlo. Miré sus ojos, cálidos y oscuros, y decidí que debía hacerle caso.

Él también tiene pómulos marcados y una mandíbula fuerte, cabello largo y negro que le cuelga en la espalda como una cortina de seda pesada. Una bonita sonrisa también, si se deja de lado la falta de limpieza bucal. Quiero confiar en él.

–Las características que mencionas no parecen relevantes para tu conclusión.

Papá solía decir que lo que sientes en los primeros diez segundos de conocer a alguien es lo que siempre sentirás al respecto. Pero estás en lo correcto. Nunca he confiado en primeras impresiones. Necesito más información.

Pero aun así, fue lindo que me sostuviera el cabello mientras yo estaba vomitando y también que sostuviera la cabeza mientras me arrullaba con su voz grave y profunda, que sonaba como el murmullo que tanto me calmaba del motor de la Dandelion.

Ahora a dormir un poco más.

Día 58:

Más repugnante, sopa amarga.

Más personas han venido a verme en compañía del hombre: Fazen. Todos son amables y atentos, pero me asombra el nivel de tecnología aquí. ¡Usan velas para iluminar el lugar!

– No hay registros de una colonia en Tycho 409A. Quizá sean delincuentes escondiéndose.

Te agradezco, Artie. Esas palabras tuyas son tan reconfortantes.

Me siento mucho mejor del estómago. Aunque he tenido que comer a fuerza algunos pedazos de algo almidonado y pastoso. Fazen notó que yo estaba demasiado débil hasta para masticar. Así que él masticó por mí la comida y me alimentó con la papilla que salía de ese proceso. Sí, lo sé. No voy a pensar demasiado en ello, no vaya a ser que el estómago se me empiece a alborotar de nuevo.

Fazen

“¿Puedes decirme los ingredientes que lleva tu sopa?”

De la impresión casi se me cae el traste con la medicina. La voz tiene un acento extraño, como el que tendría un hombre de la costa que aprendió a hablar nuestro dialecto ya entrado en años. Proviene del amuleto negro que está colgando del cuello de la mujer, ese amuleto que es muy importante para ella.

“No tengas miedo”, la voz continúa. “Yo ayudo a Tyra”.

“¿Su nombre es Tyra? ¿Y cuál es tu nombre?”

“Soy una Inteligencia Artificial creada por SEED Explorations Ltd., Modelo ML-1067B.”

“¿Qué?”

“Llámame Artie.”

Ahora entiendo por qué Tyra se preocupa tanto por el amuleto. Es la casa de su amigo.

¡Es una maravilla poderle hablar a un espíritu, además el espíritu quiere aprender de mí! Yo apenas conozco las cosas, pero intento explicar lo mejor posible toda la variedad de componentes que tiene la medicina y cómo esos componentes siguen los Principios de la Generación Recíproca y Destrucción de los Cinco Elementos.

Artie hace ruidos cuando le estoy explicando. Me parece que ni aprueba ni reprueba nada de lo que le digo.

Tyra

Día 59:

Eso es imposible, Artie.

–He ejecutado múltiples veces el análisis cladístico. El habla de Fazen y de su pueblo es un dialecto del inglés, pero se ha ido distanciado del estándar por más de mil años.

Hemos dado saltos en la nave de por lo menos un siglo. ¿Cómo puede ser que el pueblo de Fazen haya permanecido aislado durante todo un milenio?

–Esa es una cuestión que está más allá de mis conocimientos en materia.

¿Qué más has descubierto?

–Con base en los análisis fonéticos y en la medicina que te han dado, supongo con un 95% de seguridad que ellos descienden de un grupo fundador que era principalmente de cultura sinítica, aunque tiene mezcla de otras influencias. Tal vez debido al aislamiento, su desarrollo tecnológico ha retrocedido.

Vaya que será complicado salir de aquí.

Día 62:

Me las he arreglado para permanecer despierta lo más posible y practicar la comunicación con Fazen. Artie todavía tiene que traducir, pero ya puedo identificar algunas palabras y frases.

Fazen es muy paciente conmigo, repite y habla despacio. Buscar comprenderlo también me da un problema concreto que estoy intentando resolver, y eso me calma, me hace olvidar que estoy aquí varada, sola entre extraños, a años luz de la civilización.

Me sorprende mucho lo cómoda que me siento hablando con él, más si se toma en cuenta que nuestras palabras y contextos están tan alejados y también que todavía no podemos decirnos demasiadas cosas por todos los matices que introduce Artie.

–Estoy haciendo lo mejor que puedo.

Lo sé. Por supuesto que puedo sentir que él está interesado en mí. Ya lo he cachado mirándome a veces muy fijamente… pero esto nunca podrá ser. Esto me distrae de lo que es mi objetivo: sobrevivir y regresar a casa. Tengo que mantenerme cuerda.

–Tú perteneces al grupo número uno en racionalidad y estabilidad entre todos los humanos con los que he trabajado.

Esperemos que siga siendo así. Necesitamos pensar fríamente las cosas si queremos salir de esta roca.

–Tengo una nueva teoría acerca de la gente de aquí. Aunque estoy desconectado de la All-Net, he descubierto en mi base de datos una referencia de barcos antiguos capaces, gracias a sus velocidades relativas, de ser enviados desde la Tierra de hace más de mil años, durante una época de agitación cuando la gente creía que toda la vida terrestre estaba al borde de la extinción masiva.

¡Recuerdo que leí sobre eso! Tenían tanta fe puesta en esas naves. Aun asumiendo que aquellas embarcaciones lograron su travesía espacial, es muy poco probable que los pocos tripulantes a bordo hubieran podido crear, generación tras generación, una civilización capaz de tener alta tecnología.

El pueblo de Fazen sería el primer caso confirmado de sobrevivencia de este tipo de embarcaciones.

–Durante los siglos que les tomo llegar, parece que perdieron todos conocimientos, desde los más avanzados hasta la metalurgia.

Artie, Fazen piensa que eres una especie de espíritu. Yo creo que dentro de la mentalidad de su pueblo, la superstición ha recuperado el lugar que debería estar ocupado por el pensamiento racional.

Día 64:

–Estás mucho mejor. Tuviste una infección de bacterias muy fuerte.

¿Era eso lo que tenía?

–Tus síntomas coinciden con las descripciones de mi base de datos. Tengo entendido que, siglos atrás, cuando tus antepasados estaban confinados en la Tierra, la mayoría de los cuerpos humanos eran hábitats de billones de billones de bacterias. Ellas vivían en el tracto gastrointestinal, en la piel, en el cabello y frecuentemente causaban enfermedades.

¡Qué asco!

–Con el tiempo, desarrollaron la tecnología para manejar a estos parásitos. Y cuando empezaron a desplazarse a las estrellas, hicieron un gran esfuerzo por eliminar todos los gérmenes que les quedaban para asegurarle a la humanidad un recomienzo en los mundos nuevos, liberada para siempre de sus antiguas enfermedades.

Es muy probable que los antepasados de Fazen no cuidaran nada de eso, se trajeron consigo a esos gérmenes y ahora yo también los tengo. ¿Sabes qué es lo que tenía esa sopa horrible? Al parecer logró hacerme sentir mejor.

–Resulta más como si tu cuerpo se hubiera sanado a sí mismo. La sopa no contenía ningún antibiótico ni ningún ingrediente farmacéutico conocido. Su teoría medicinal parece estar basada en supersticiones que han sido ampliamente refutadas, no son más que derivaciones del misticismo del Lejano Oriente.

Fazen

Tyra me asegura que es ella tan mortal como yo lo soy, pero a veces lo dudo. Su piel es tan suave como la de un bebé recién nacido y sus rasgos son delicados, elegantes, tanto que pienso que ella creció solamente nutriéndose de niebla y rocío. No tiene cicatrices, ni imperfecciones, más como una pintura que como una mujer real.

“Fui sometida desde mi nacimiento a terapia genética y a cuidados de medicina moderna y la gravedad en mi planeta originario es más ligera que aquí”, me dice cuando le señalo lo especial que es. No logro entender muchas de sus palabras y Artie no siempre es capaz de traducir.

Así que yo creo que lo que quiere decir es que ella comenzó su vida como un ángel. Cuando la canoa celestial cayó, renació como una mortal. ¿Por qué? No lo sé. Pero esa idea me emociona.

“¿Puedes traerme algo de comer que sepa mejor?”, ella pregunta. “Toda la comida que he probado hasta ahora no sabe a nada o está amarga. Quisiera comer algunos dulces”.

“Pero tienes demasiado fuego y muy poco hierro”, yo digo.

Ella no tiene idea de lo que estoy hablando. Pacientemente, le explico: “Los Cinco Elementos de tu cuerpo corresponden a los Cinco Sabores: el hierro es lo amargo, la madera es lo ácido, el agua es lo salado–”

“Como el mar”, murmura. Ella cada vez más habla como nosotros lo hacemos.

“–Sí, exacto. El fuego es lo dulce y la tierra es lo sabroso. Cuando te saqué de la canoa celestial, tu dantian estaba muy extrañamente vacío y los elementos se peleaban adentro de ti. Te enfermaste porque había demasiado fuego adentro de ti, eso limitó al hierro, cosa que terminó desequilibrando al resto del sistema. Te hemos dado comida amarga para restablecer el dominio del hierro y también para reducir el exceso de madera.”

Su expresión se vuelve una mueca.

“Por supuesto que cada persona es diferente y la terapia correcta debe canalizar y guiar la mezcla personal de elementos de acuerdo a la naturaleza propia de cada persona. Como tu naturaleza es de fuego, tal vez un poco de dulce ahora te hará bien. El fuego a veces sirve para curar un exceso de fuego.”

Ella azota la cabeza entre sus manos y se restriega la frente. Después de un rato, alza la mirada. “Fazen, de donde vengo, ya no pensamos que el mundo funcione así como me dices. Nosotros sabemos que el cuerpo es una máquina biológica, y que las enfermedades son mal funcionamientos causados por irritantes externos que requieren intervenciones químicas y correcciones genéticas…”

Su voz es amable, pero su tono es condescendiente. Veo que ella no confía en nuestra medicina, aunque ya logró hacerla sentir mejor.

Me siento enojado y más que eso un poco triste. Nuestro conocimiento sobre la sanación está basado en sabiduría antigua, pero siempre nos hemos esforzado mucho para mejorar nuestro arte a través del ensayo y error. Nuestras leyendas dicen que los Antepasados Primigenios llegaron en las arcas celestiales con semillas de hierbas y libros de recetas. Algunas hierbas crecían muy bien, pero muchas murieron y ellos tuvieron que encontrar sustitutos en este nuevo mundo.

En cada generación, mujeres y hombres valientes han muerto mientras trataban de encontrar más formas de curarnos. Ellos perfeccionaron las técnicas para guiar la mezcla de los elementos en el cuerpo, de acuerdo a la naturaleza particular de cada persona. El Headman Outay mismo ha caído enfermo tantas veces por probar hierbas y minerales en su propio cuerpo. La condescendencia de Tyra los ofende a todos ellos.

Ella mira la expresión de mi cara. “Discúlpame, Fazen, no sé por qué funciona tu medicina, eso me hace sentir frustrada. Esto no tiene ningún sentido.”

“No quiero enojarme contigo”, digo. “Así que tomaré un poco de té de ciruela salada para vaciar mi mente y restablecer el balance de mi dantian. ¿Quieres un poco también?”

Ella suspira y asiente con la cabeza. Después de beber un sorbo de mi taza, sonríe.

“¿En qué estás pensando?”, pregunto.

“Mi padre siempre decía que ninguna discusión debe de impedir que un trago se comparta. Ahora por fin entiendo qué quería decir con eso.”

Brindamos.

Tyra

Día 110:

¿Existe alguna manera de salir de esta piedra usando pura tecnología del Medievo?

El solo hecho de estar preguntando ese tipo de cosas me hace querer rendirme.

Intento verme a través de los ojos de Fazen: la mayoría de mi tiempo la paso dibujando símbolos y figuras sobre el papel y preguntándole si existen piedras resplandecientes y metales raros. Él debe de pensar que estoy loca (o que soy una bruja).

Para distraer mi frustración, que es tan grande, él me lleva a pescar o a caminar y comemos lo que atrapamos y recolectamos.

–No creo que sea muy sensato que continúes consumiendo tanta comida cruda y sin esterilizar.

No tengo precisamente muchas opciones, ¿o sí? En realidad, me empieza a gustar esta dieta de comida no procesada. Es cierto, el pescado y las hierbas y los hongos no son para nada tan nutritivos como la balanceada comida de casa, pero tienen una especie de sabor silvestre que me encanta y la comida siempre cae bien después de haberte esforzado por conseguirla.

Y me divierte escuchar a Fazen hablarme sobre la comida. Tiene una historia acerca de cada cosa: este pescado es bueno para los riñones y una vez se lo recetó a un niño que orinaba verde; esa baya combina bien con mi corazón de fuego y solía dársela como alimento a pajaritos bebés que tenían frío y hambre en el invierno; estos hongos son del dominio del hierro y él los comía cuando era niño para agarrar valor.

A veces quisiera que estos paseos nunca se acaben.

Fazen

Los retumbantes golpes del gong interrumpen la plática tranquila que estamos teniendo Tyra y yo. Salimos corriendo de mi choza.

“¡Fuego, fuego!” Todos miran fijamente hacia el poniente, donde gruesas columnas de humo se elevan al cielo. El verano ha sido inusualmente caliente y seco. El viento es fuerte y jalará al fuego hacia la aldea en un abrir y cerrar de ojos.

El Headman organiza a todos para la evacuación hacia el lago. Tomo la mano de Tyra para que podamos irnos corriendo hacia el agua.

Pero ella no se mueve. Echa un vistazo alrededor, a los aldeanos apresurándose, a los niños desconsolados.

“¿Qué hay de sus casas y cultivos?”, ella pregunta.

“No podemos hacer nada por eso”, le respondo. “El fuego no se puede detener.”

Ella mira las llamas acercándose. Entonces voltea hacia mí.

“Nosotros podemos detener el fuego”.

Algo en sus ojos, un ámbar ardiente como su espíritu, me dice que confíe en ella.

Sorprendentemente, el Headman Outay, quien en los últimos meses ha sentido más aprecio por ella, apoya su idea.

Tyra guía a los aldeanos para cortar una franja en los campos del poniente de la aldea. “Corten todo; no dejen nada que pueda encenderse.”

“Pero ayudadas por el viento, a las llamas no les van a costar nada esquivar esa franja.”

“No se preocupen por eso”, dice. “Debemos iniciar otro fuego del otro lado de la franja.”

Está loca, pienso. ¿No ya tenemos suficiente fuego?

Pero el Headman Outay agarra una antorcha y la sigue a lo largo de la franja. “Ella es celestial”, dice tranquilamente. Un segundo después los demás aldeanos van detrás de ellos.

El fuego principal está ahora mucho más cerca. El humo y el calor llenan el aire.

El pasto está tan seco que nuestro fuego que apenas encendimos ruge avivándose. Pero de la misma manera en que los niños reciben a sus padres que vuelven del campo, el fuego se aleja de la aldea y va hacia al fuego principal, dejando troncos carbonizados y tierra quemada tras su paso.

Para cuando nuestro fuego se une con el principal, la franja casi alcanza los dos kilómetros de distancia. El fuego enfurece, pero no puede acercarse más. Los aldeanos celebran.

“¿Cómo?” Miro con asombro a Tyra.

Tyra explica que un fuego grande tiende a calentar el aire que tiene arriba y por lo mismo atrae el aire más frío hacia él. Cuando comenzamos nuestro propio fuego, el poder del fuego grande se arrojó hacia al nuevo fuego y se terminaron juntando del otro lado de la franja.

“Eres una maga”, digo.

“Es simple física”, ella dice. “Combatir fuego con fuego, ¿no es algo que también tú me habías enseñado?”. Y me doy cuenta de que ella canalizó y dirigió las llamas justo como nuestra medicina canalizó y dirigió el fuego adentro de ella.

Viendo su sonrisa a mi corazón se le enciende una llama por dentro.

Tyra

Día 140:

–¿No has pensando realmente la opción de construir un faro de hiperradio aquí?

¿Haciéndolo de qué? ¿De palos y lodo?

–Hasta ahora, hemos sido discretos en cuanto nuestro conocimiento para evitar un conflicto abierto con el sistema de creencias hegemónico del lugar. Pero si decidieras dirigir a la población en un acelerado programa de fomento tecnológico, el planeta debería tener un poco más que el 80% de posibilidades de lograr la habilidad industrial y tecnológica necesaria para producir un faro de hiperradio en ciento ochenta y cinco años.

Gracias, Artie. Eso es todo: sólo necesito declararme Reina del Mundo y haré que lo hagan. Supongo entonces que mis tataratataranietos serán quienes llamarán a casa.

Como sea, ¿en dónde está Fazen? Se supone que nos veríamos aquí para ir a pescar.

–También hay una chance de punto cero cero cero tres por ciento de que la tarea pueda ser conseguida en menos de sesenta años.

Tú sí que sabes cómo animar a una chica.

¿Crees que Fazen se haya retrasado por el Headman? Espero no se le haya olvidado.

–No me queda claro cómo el lugar donde se encuentre Fazen puede ser pertinente para tu plan de rescate.

¿Podrías darte un descanso?

–¿Realmente estás contemplando quedarte aquí?

Yo… Ahora mismo es la opción más sensata, ¿no lo crees?

–No entiendo. Todos mis modelos de sobrevivencia indican que estar alejada de la ciencia moderna reducirá significativamente tu expectativa de vida.

Mira, soy… feliz aquí, aunque sean primitivas las cosas. ¿Será él aire? ¿La comida? Me siento más viva, como si hubiera descubierto una parte de mí que no tenía idea de que existía.

El conocimiento sobre átomos y quarks y el hiperespacio y la regulación de la expresión genética no es tan útil aquí, no tanto como saber que los alimentos dulces elevan el humor del fuego.

A veces es racional ser irracional. Cuando todos alrededor creen que el mundo funciona de cierta manera, hay ventajas en creerse que el mundo sí funciona así.

–Esa es una muy peculiar línea de pensamiento.

Quizá no esté pensando coherentemente. Me he estado sintiendo rara. Parece que mi estómago tiene mente propia en estos días, estar tensa o relajada depende de su propio estado de ánimo. Es casi como si tuviera otra amígdala ahí abajo. Tengo impulsos inexplicables; mi humor está descontrolado. Debería preguntarle a Fazen acerca de esto.

–Yo no creo que la fuente de tu cambio de perspectiva sea el aire o la comida. He detectado niveles altos de oxitocina y vasopresina en tu respiración, además de un elevado ritmo cardiaco y pupilas dilatadas cuando Fazen está cerca. Son claras señales fisiológicas.

Estás insinuando que… que…

– Estás enamorada, Tyra.

Fazen

Estamos en la cima de la montaña, observando las estrellas.

Tyra apunta hacia el oeste, a la estrella más brillante, Baitou, la cola del Gran Cometa. “Ahí es donde mi nave —una canoa celestial muy grande— explotó.”

Entrecierro los ojos para ver si así logro alcanzar a ver la luz de su nave estrellada.

“No vas a alcanzar a ver nada”, dice Tyra. “Incluso si tuvieras la mirada más aguda del mundo, la luz que salga de esa explosión no llegará aquí sino hasta dentro de cinco años.”

Esto me confunde. Pero no importa. No tengo que comprender todo lo que dice. A veces basta con escuchar su voz, estar en su presencia.

Ella se vuelve y se sonroja. “Otra vez estás mirándome fijamente.”

Aparto la mirada, me siento apenado.

Pero ella alarga los brazos y me agarra la cara suavemente. “Esto no lo entiendo”, murmura.

Luego habla muy rápidamente y en su propio dialecto. Yo no me enamoro tan fácilmente. Estoy actuando muy diferente a cómo lo hago normalmente. Debería sentirme abandonada, deprimida, sin esperanzas. El mundo, la gente de toda mi vida es probable que esté ya perdida para mí y para siempre, además estoy separada de ellos por miles años en el pasado. Sin embargo, me siento feliz, tanto que me aturde. No puedo explicarlo racionalmente. Solamente sé que estaré bien. Así lo siento desde adentro.

“No comprendo muchas de tus palabras”, le digo, “excepto lo primero que dijiste. Yo también te amo. Y conseguiré semillas de loto combinadas con todos los sabores del mundo para que nuestro amor nunca se sienta pesado.”

La siguiente sensación que tengo son sus labios sobre los míos. Mis ojos están abiertos, pero no veo nada. El mundo queda reducido a nuestro beso, a nuestras respiraciones, a las puntas de nuestras lenguas. Me recreo en su sabor, en el aroma, caliente, ardiente, como su naturaleza. Incluso parece que el mundo resplandece más, como si las estrellas hubieran brillado sonriéndonos.

Ella se aparta, tiene los ojos muy abiertos y sorprendidos.

“¿Qué está mal?”

No responde. Su mirada está enfocada en el cielo a mis espaldas.

Me doy la vuelta y la mitad del cielo está en llamas. Sobre el corazón de aquellas llamas, hay una nave grande color rojo reluciente como hierro fundido.

Entonces una ola de sonido y calor me golpea como un puño gigante y todo lo que trato de hacer es interponerme entre aquello y Tyra.

Tyra

Día sin especificar:

Desperté en un cálido cuarto totalmente blanco, desnuda, con una delgada sábana blanca cubriéndome.

“Nos diste un gran susto.”

Sentía mi cabeza mareada y me tomó algunos minuto ubicar el origen de aquella voz: un hombre pelón con una bata blanca que estaba parado detrás de mí. Intenté volverme para verlo mejor pero un quejido me lo impidió.

“Lo siento”, dijo, pasándose enfrente de mí. “Siempre ponen los monitores de signos vitales aquí atrás. Llevo años diciéndoles que eso hace más difícil platicar con los pacientes.”

“¿Dónde… qué… quién…?” No sabía qué cosa preguntar primero. Una imagen de Fazen vino a mi cabeza, pero la imagen era la de un extraño, se sentía irreal, como si lo hubiera inventado yo o como hubiera leído acerca de él en un libro.

Algo me hacía falta. Me revisé: mis brazos, mis piernas, mis dedos de los pies y mis dedos de las manos, todo estaba allí conmigo. Pero era como si tuviera un miembro fantasma, un vacío en mis adentros.

“Peter Saltz, médico de la nave. Estás a bordo de la Shamrock.”

Esa es la nave hermana de la Dandelion. “¿Cómo?”

“Empezamos a preocuparnos cuando la Dandelion no comunicó vía radio ningún reporte por más de un mes. Pero teníamos una idea muy vaga dónde podría estar y nos tomó mucho tiempo localizar los restos y detectar la señal que provenía de tu faro de velocidad sublumínica.”

Yo había dejado en ese faro las coordinadas de Tycho 409A.

“Lo que le pasó a tu nave fue… terrible.” Se calló en seco, le fallaron las palabras.

Cerré los ojos. El recuerdo de doscientos sesenta y cinco amigos, que se habían ido para siempre, era abrumador.

“He revisado algunas de tus entradas. Tyra, tu historia es increíble. ¡Primero naufragar sola en el espacio profundo, después el salto desesperado hacia una colonia perdida en la historia y finalmente vivir entre salvajes! Cuando te encontramos, tu cuerpo estaba repleto de la más increíble variedad de bacterias. No puedo creer que hayas sobrevivido. Tuviste suerte de que la Shamrock tuviera que pasar… comoquiera necesitaba mantenerte sedada mientras estabas en cuarentena para lograr desinfectarte. Tuviste suerte de que fuéramos capaces de sacarte de allí; los nativos se pusieron bastante hostiles cuando te rescatamos…

Quise preguntarle sobre los “nativos”, pero no pude revivir la emoción que pensé que debía sentir y eso me asustó. Traté de aferrarme al recuerdo de la voz de Fazen: “semillas de loto… nuestro amor… nunca se sienta pesado”. Pero las palabras no calentaron mi corazón como esperaba. Sonaban banales, triviales, sin significado.

Entonces pensé en mi padre y la punzada de extrañarlo me golpeó como un puño en el estómago. Sentí alivio, al menos seguía siendo humana. No había perdido la capacidad de sentir.

De pronto, me sentí muy cansada y cerré mis ojos.

Fazen

Los extraños se llevaron a Tyra hace una semana. Pero su gran nave sigue en el cielo. No he podido comer ni dormir bien. Espero en la montaña, con la esperanza de que ella volverá pronto.

Una canoa celestial un poco más grande que la esfera de Tyra desciende de la nave grande. Mientras aterriza, la fuerza de sus alas giratorias me tumba en el suelo. Cuando finalmente abro los ojos, lloro de alegría. Mi Tyra está de vuelta.

Pero no viene sola. Dos hombres vienen con ella. Vienen cubiertos de pies a cabeza con trajes que brillan al sol y burbujas de cristal alrededor de sus cabezas.

A través de la burbuja de cristal, alcanzo a ver sus ojos.

Algo anda mal. Sus ojos son fríos, se sienten vacíos. Es como mirar a los ojos de un extraño, a un caparazón. Ella no es de fuego; ella no es de tierra; no es de nada en absoluto. Ella es un caparazón vacío.

Sin hacer ruido mueve sus labios detrás de su burbuja de cristal. La voz de Artie emerge de su amuleto, traduciendo. Hasta el espíritu tiene un tono extraño —entrecortado, formal, un tono de voz como la que tiene aquel que anuncia el veredicto de un juez en las sesiones de la corte en un invierno. “Vine a darte noticias importantes. Este planeta pertenece a SEED Explorations, mi empresa.”

“¡Tyra! ¿Qué te ha pasado?”

Sin dudar, ella continúa. “SEED adquirió las escrituras hace cincuenta años, pero no las había hecho valer. Ahora que saben que este planeta no necesita ninguna terraformación, están impacientes por hacerlas valer de inmediato. Tu presencia aquí no tiene ningún amparo legal y SEED quiere que te vayas. Pero a la luz de cómo cuidaste de mí cuando estaba enferma, he convencido a SEED para que les otorgue algunos terrenos como zona de reserva, sólo si aceptan un contrato exclusivo que le permita a SEED hacer un parque de diversiones antropológicas donde lleguen y se alojen miles de turistas de todos lados de la existencia.”

“Tyra, tu perteneces aquí. Tú eres parte de nosotros.”

Ella titubea por un instante y luego, con cuidado, añade: “Es tiempo de que ustedes se reincorporen al resto de la raza humana y de que reclamen el legado perdido que les pertenece.”

Quisiera hablar con ella, pero sin que estén los hombres extraños de traje de hierro observándonos. Quisiera acercarme, acariciar su cara y mirarla a los ojos. Pero la burbuja de cristal alrededor de su cabeza, esa burbuja fría y dura, no me dejaría ni siquiera rozarla.

Lo poco que puedo entender de las palabras de Tyra me hace sentir enojado. Se me revuelve el estómago. El Headman Outay tenía razón. Las personas celestiales han traído peligro y sufrimiento.

“No vamos a renunciar a nuestro mundo”, les gritó a los celestiales. “Llenaremos nuestras venas con fuego y hierro. Y no probarán nada más que la pestilencia de la tierra podrida, el sabor de la muerte y de la derrota.”

Los dos hombres me sujetan de los brazos y me alejan de ella. Me resisto al principio, pero alcanzó a ver el miedo en los ojos de ella y me dejó llevar.

Me siento enfermo. Los elementos están enfureciéndose frenéticamente adentro de mi cuerpo.

Tyra

Artie, ¿qué es lo que me pasa? Cuando estaba allá abajo, era como si yo no conociera a Fazen. No sentí nada por él. Justo ahora no siento nada por él.

–Tus niveles hormonales están en efecto… anormales, teniendo en cuenta lo que se había convertido en tus niveles estándar durante el tiempo que estuviste en Tycho 409A.

¿Hipótesis?

–Amor o falta de este, eso excede mis conocimientos en materia.

Debe de ser algo que tiene que ver con lo que me hizo el médico Saltz. Recupera mi historial clínico y analízalo.

–Parece que estás en lo correcto. Hubo una caída masiva en los niveles de fibra detergente neutra purificada, theta-GF, endobesina, motinorfina y varios neurotransmisores y neurotrofinas, todo en las primeras cuarenta y ocho horas desde fuiste subida a bordo.

¿Qué fue lo que dieron?

–Por lo que puedo comprobar, sólo te han dado grandes dosis de antibióticos durante ese tiempo.

¿Qué son esas cosas?

–Los antibióticos eran las armas principales que tenían tus antepasados para combatir las infecciones por bacterias. No han sido necesarios por un largo tiempo. Es curioso que la Shamrock tuviera reservas.

¿Puedes saber por qué?

–Déjame discretamente indagar los registros de la nave… ah, creo que ya entiendo. Recientemente ha habido algunos brotes de bacterias en algunos planetas de la Frontera, que son propiedad de SEED, así que una pequeña reserva de antibióticos tuvo que ser fabricada. Parece que han censurado las noticias de estos brotes para evitar que se desate la histeria colectiva.

El pueblo de Fazen siempre ha vivido con las bacterias y por eso fue me enfermé en esa tierra. Pero las bacterias seguían adentro de mí cuando dejé de sentirme enferma… Artie, ¿las bacterias que me habitaban son capaces de causar algo más que enfermedades?

–No lo sé. Pero ahora que me he reconectado a la All-Net, puedo ejecutar una búsqueda profunda en los archivos viejos. Es interesante: algunos científicos antiguos creían que un cuerpo humano sano exigía una variedad de especies de bacterias viviendo en equilibrio. Individuos diferentes tienen mezclas diferentes de bacterias, llamadas enterotipos, similares a los tipos de sangre. Veían a las bacterias como simbiontes, no como parásitos.

¿Qué es lo que hacían exactamente las bacterias?

–Supuestamente, ayudaban a las personas digiriendo comida, combatiendo enfermedades, incluso modulando su humor y personalidad.

¿Qué? ¿Cómo?

–A través de la liberación de sustancias químicas adentro del torrente sanguíneo, esas sustancias servían para suprimir o activar neurotransmisores, para regular la expresión genética, para modificar la neuroquímica.

Así que cuando estaba en Tycho 409A, estaba… infectada. Yo no era yo misma.

–Parece que tu padre tenía razón. En ese planeta, tú literalmente pensabas con tus adentros. El pueblo de Fazen resolvió no solamente vivir en armonía con su flora intestinal, sino dirigirla con lo que comen y beben, para así regular sus propios estados de ánimo.

Las cosas que vivían adentro de mí tenían el control de lo que yo pensara. ¿Estaba yo enamorada o lo estaban las bacterias?

–No creo que la distinción sea tan marcada. Permíteme leerte una nota de un científico antiguo: “La mente humana es un fenómeno físico, ubicado y perteneciente al mundo. Las bacterias en tus adentros no son sino otro componente en la maquinaria que produce la totalidad de tus pensamientos. Ya tienes una comunidad de miles de millones de células, ¿no puedes contemplar la incorporación de unos cuantos miles de millones más?”

Entonces, ¿qué debería de hacer ahora? No sé cómo sentirme con respecto a Fazen. No sé ni qué pensar. ¿Qué es lo correcto?

–Eso, evidentemente, excede mis conocimientos en materia.

Fazen

Tyra ha regresado con nosotros: sola, desnuda, sin su burbuja de cristal ni su traje de hierro.

Ella enferma de nuevo.

El Headman Outay y yo trabajamos por tres días para restablecer el equilibrio de su cuerpo, introducimos los elementos de hierro, madera, agua, fuego y tierra en medidas prudentes que se mantienen y conviven fluidamente, hasta que ella es de nuevo un universo completo en sí mismo.

“¿Comprendes”, ella dice, “lo que te estoy diciendo?”

Cuando Tyra es tan honesta como ahora, tensa un poco la cara, como una rama bajo el peso del dulce rocío en la mañana. “Estás hablando sobre el Balance de los Elementos.”

“La terapia de comida que llevas a cabo”, dice, “no es pura superstición. De alguna manera han inventado una dieta probiótica que ayuda a regular las colonias de bacterias que trajeron con ustedes a este nuevo mundo. Al variar lo que comen, han podido permanecer sanos y también controlar sus estados de ánimo.”

“Mucha gente ha muerto en los últimos años para obtener este conocimiento.”

Ella suspira, seria. “La teoría elemental que usan para explicar por qué las técnicas funcionan puede no tener sentido para mí y puede ser metafórica, pero las técnicas funcionan. Deben de ser preservadas y compartidas con el resto de la humanidad, que ha olvidado cómo vivir y pensar con sus simbiontes antiguos.”

“Yo creo que las plagas de los planetas de la Frontera puede ser una consecuencia de los esfuerzos sumamente agresivos que se realizaron para eliminar todo microbioma en los seres humanos”, dice Artie. “No se puede, al parecer, vivir demasiado limpia y pura una vida.”

Tyra continúa: “Le expliqué a SEED que si insiste en hacer cumplir sus demandas a Tycho 409A, haría pública la información sobre cómo la gente está muriendo en sus planetas colonizados. Pero si aceptan dejarlos a ustedes en paz, yo misma ayudaría a SEED en la adaptación de las técnicas de terapia de comida que ustedes practican para crear una cura permanente de los brotes y no me opondría a darles los derechos de la patente sólo a ellos.”

No entiendo todo lo que ella y Artie están diciendo. Pero es suficiente que cuando ahora la veo a los ojos, noto a la verdadera Tyra.

“Soy una persona diferente cuando tengo estas criaturas habitándome”, dice. “Soy más intrépida, más espontánea, más feliz.”

“Esta es la verdadera tú”, le digo, “esta es la manera en que estabas destinada a ser.”

“No sé si eso es verdad”, responde. “Todavía sigo tratando de acostumbrarme a la idea de que mi mente se encarna no sólo en mis propias células, sino también en las células de miles de millones de pequeños organismos que viven adentro de mí de la misma manera que nosotros vivimos en este planeta, viven en mí, pero no son yo. No estoy segura de saber quién soy yo en realidad. Pero decidí regresar porque me gusta más esta yo. Es un sentimiento visceral. Mi padre estaría orgulloso.”

“Me gustaría conocerlo”, digo. Quiero conocerlo no sólo porque Tyra me ha hablado mucho de él, sino también porque me gustaría tener su bendición antes de que le haga a Tyra una pregunta.

“Eso me gustaría”, dice ella. “Tiene mucho que no lo visito y tengo la sensación de que le caerás bien. Le va a gustar enterarse de cómo he llevado todo esto de SEED.”

“Mis simulaciones indican que hay solamente una chance de 52.26% de que SEED haya entendido lo prudente de tu solución y que acepte el trato”, dice Artie. “Corres un riesgo muy grande.”

“Pues se podría decir que confío totalmente en mis adentros.”

Notas del autor:

La idea de que las bacterias intestinales afectan al estado de ánimo y la química del cerebro está basada en la investigación descrita en Denou, E., et al. “The Intestinal Microbiota Determines Mouse Behavior and Brain BDNF Levels”. En Gastroenterology, Vol. 140, Issue 5, Supplement 1, Page S-57 (el abstract está disponible en tinyurl.com/lightspeed-gastroenterology).

Un resumen de los artículos científicos puede encontrarse en McMaster University (2011, May 17). “Gut bacteria linked to behavior: That anxiety may be in your gut, not in your head”. En ScienceDaily. Recuperado el 8 julio de 2011 de: tinyurl.com/lightspeed-gut-bacteria.

Ken Liu es un escritor de lengua inglesa de ficción especulativa, es decir, imagina historias con base en ciertos aspectos científicos. Lleva más de dos décadas desarrollando su trabajo, realizando traducciones del chino al inglés y recibiendo premios por su obra. “El zoo de papel” quizá sea su relato más conocido y alabado por la crítica. Liu, con todo y el éxito, no ha parado de escribir y publicar. Muchos de sus relatos están recogidos individualmente en revistas y entre ellos varios no cuentan hasta la fecha con una versión al español. “The Five Elements of the Heart Mind” hasta el momento seguía siendo parte de la obra sin traducir. La presente traducción busca colaborar con que la obra de Liu sea más conocida y circule entre lectores de habla española. Esta traducción cuenta con el permiso del autor.

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Para más sobre la vida y obra de Ken Liu, aquí el link de su página oficial:

Página oficial del escritor Ken Liu

“The Five Elements of the Heart Mind” se publicó originalmente en el número 20 de Lightspeed, aquí el link:

“The Five Elements of the Heart Mind” by Ken Liu, versión original en inglés del relato en la Revista Lightspeed

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